viernes, 4 de diciembre de 2015

6 de Diciembre

Cada latido de nuestro corazón marca el ritmo de una poesía hecha por Dios, escuchemos con el alma las poesías presentes en las Escrituras:

Salmo 126

“Cuando mi Señor hizo volver a los cautivos de Sión,
como soñando nos quedamos;
entonces se llenó de risa nuestra boca
y nuestros labios de gritos de alegría.

Entonces se decía entre las naciones:
¡Grandes cosas ha hecho mi Señor con éstos!
¡Sí, grandes cosas hizo con nosotros mi Señor,
el gozo nos colmaba!

¡Haz volver, mi Señor, a nuestros cautivos
como torrentes en el Négueb!
Los que siembran con lágrimas
cosechan entre cánticos.

Al ir, va llorando, llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando trayendo sus gavillas.” Amén.

Curiosidades

¿Quién era Herodes, el tetrarca?
Herodes, el tetrarca, que llevaba el nombre distintivo de Antipas, era el hijo menor de Herodes y Maltace, y heredó las porciones del reino de su padre correspondientes a Galilea y Perea. Era el más capaz de los hijos de Herodes y un gran edificador, como su padre. Se casó con Mariamne, la hija del rey nabateo Aretas IV, pero se divorció de ella con el fin de casarse con Herodías, la mujer de su medio hermano Herodes Felipe. Juan el Bautista denunció su segundo matrimonio como ilegal; dice Josefo, el historiador, que Antipas temía que la gran multitud de pueblo que seguía a Juan pudiera transformarse en una revuelta. Naturalmente Aretas se resintió ante el insulto que significaba para su hermana, y aprovechó la oportunidad pocos años después para hacerle guerra a Antipas (36 d.C.) las fuerzas de Antipas sufrieron una fuerte derrota, y según Josefo, mucha gente consideró la derrota como una retribución divina por la muerte de Juan el Bautista. En el 39 d.C. Antipas fue denunciado ante el emperador Cayo por su sobrino Agripa como conspirador; fue depuesto de su tetrarquía y terminó sus días en el exilio.
(Nuevo Diccionario Bíblico, 1º Edición – Ediciones Certeza - pág. 594-597)

Evangelio

Desde el interior de las Escrituras se oyen latidos de vida, ¿qué significan esos sonidos? Escuchemos atentamente el texto bíblico de hoy:

Lucas 3:1-6

“En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
‘Voz del que clama en el desierto:
Preparen el camino del Señor,
enderecen sus sendas;
todo barranco será rellenado,
todo monte y colina será rebajado,
lo tortuoso se hará recto
y las asperezas serán caminos llanos.
Y todos verán la salvación de Dios’.” Amén.

Los textos bíblicos nos dicen cosas, pero sólo si reflexionamos sobre lo que oímos podremos escuchar los verdaderos latidos de Dios: momento de reflexión:

¿De qué nos salva Dios?
Mucho se habla de esto cuando decimos que Jesús vino al mundo para salvar a la humanidad… ¿pero de qué? ¿qué hay tan malo de lo que nos tenga que salvar?
La idea de salvarse nos hace pensar que zafamos de algo, pero también parece algo que ocurre “por suerte”, como que tiene que ver con el azar o de la buena voluntad y esfuerzo de otro.
Apenas Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza y con la libertad de moverse y hacer cosas independientemente a Dios, él se dio cuenta de nuestra tendencia. Ya con Adán y Eva apareció este deseo de ser como dioses, y con Abel y Caín, la envidia y hasta qué punto somos capaces de llegar por conseguir lo que queremos.
Con Noé y el diluvio, Dios asume que el ser humano es tan bueno como malo, como dice la canción de Caravajal “es muy capaz de dar la vida o de matar, es luz y sombra, tierra arada y arenal”.
No podemos evitar ir detrás de nuestros propios egoísmos y constantemente tenemos que luchar contra nosotros mismos para seguir la voluntad de Dios, ser obedientes a él.
¿Pero por qué tenemos que hacer la voluntad de Dios?
Lo que pasa es que cuando seguimos sólo a nuestros intereses egoístas, todo vale, nos volvemos violentos, faltos de amor y destructivos. Una prueba es la sociedad en la que vivimos, en donde el más poderoso está por encima de los demás y no le importa el sufrimiento ajeno. El sistema socio económico, posmoderno y capitalista, en donde una persona vale por lo que tiene, puede producir y consume, está destruyendo el planeta y con él, a la humanidad. Está visto que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos.
Dios busca salvarnos de nosotros mismos, proponiendo con Jesús una nueva forma de vida en donde el amor, la misericordia, el perdón, la inclusión, el valor del ser humano por ser persona, y de la naturaleza toda como creación de Dios intercomunicado, en donde todo afecta a todos. Lo que yo daño acá repercute allá.
Dios nos salva de nuestra insatisfacción crónica, que nos lleva a vivir una vida en la búsqueda constante, muchas veces sin sentido, nos salva de esa disconformidad que es producto de la envidia, de sentir que lo del otro me pertenece.
Dios nos salva de nosotros mismos, para que volvamos a nuestra esencia, al principio, en donde vivíamos en armonía con la naturaleza y entre nosotros, antes que quisiéramos ser como dioses. Amén.

Querido Jesús, vos viniste al mundo para mostrarme el verdadero sentido de la vida, para que me diera cuenta que el valor no está en las cosas sino en las personas, y que toda persona es valiosa… sólo necesita una oportunidad. Ayudame a contar esto al mundo, para que cada vez más personas crean en vos y se animen a vivir una vida más simple, sin evasiones ni aturdimientos. Te lo pido en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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