viernes, 26 de febrero de 2016

28 de Febrero

Cada latido de nuestro corazón marca el ritmo de una poesía hecha por Dios, escuchemos con el alma las poesías presentes en las Escrituras:

Salmo 103

“Bendice a mi Señor, alma mía,
del fondo de mi ser, su santo nombre,
bendice a mi Señor, alma mía,
no olvides sus muchos beneficios.

Él, que todas tus culpas perdona,
que cura todas tus dolencias,
rescata tu vida de la fosa,
te corona de amor y de ternura,
satura de bienes tu existencia,
mientras tu juventud se renueva como el águila.

Mi Señor, el que hace obras de justicia,
y otorga el derecho a todos los oprimidos,
manifestó sus caminos a Moisés,
a los hijos de Israel sus hazañas.

Clemente y compasivo es mi Señor,
tardo a la cólera y lleno de amor;
no se querella eternamente
ni para siempre guarda su rencor;
no nos trata según nuestros pecados
ni nos paga conforme a nuestras culpas.

Como se alzan los cielos por encima de la tierra,
así de grande es su amor para quienes le temen;
tan lejos como está el oriente del ocaso
aleja él de nosotros nuestras rebeldías.

Cual la ternura de un padre para con sus hijos,
así de tierno es mi Señor para quienes le temen;
que él sabe de qué estamos plasmados,
se acuerda de que somos polvo.

¡El hombre! Como la hierba son sus días,
como la flor del campo, así florece;
pasa por él un soplo, y ya no existe,
ni el lugar donde estuvo vuelve a conocerle.

Mas el amor de mi Señor desde siempre hasta siempre
para los que le temen,
y su justicia para los hijos de sus hijos,
para aquellos que guardan su alianza,
y se acuerdan de cumplir sus mandatos.

Mi Señor en los cielos asentó su trono,
y su soberanía en todo señorea.
Bendigan a mi Señor, ángeles suyos,
héroes potentes, ejecutores de sus órdenes,
en cuanto oyen la voz de su palabra.

Bendigan a mi Señor, todas sus huestes,
servidores suyos, ejecutores de su voluntad.
Bendigan a mi Señor, todas sus obras,
en todos los lugares de su imperio.

¡Bendigan a mi Señor, alma mía!” Amén.

Curiosidades

¿Dónde estaba la torre de Siloé?
Una de las principales fuentes de provisión de agua para Jerusalén fue el estanque intermitente de Gihón, que significa fuente de la virgen, debajo de la puerta de la Fuente y situado al ESE de la ciudad. Este estanque proveía agua a través de un canal descubierto, que corría lentamente a lo largo de las laderas SE, y se denominaba siloah, que significa enviador. Tomaba el mismo rumbo que el posterior “segundo acueducto” que descendía solamente 5 cm en 300 m y se descargaba en el estanque inferior o antiguo, al final del valle central, entre las paredes y colinas del SE y el SO. De esta forma corría debajo del “muro del estanque de Siloé” y regaba el “huerto del rey” sobre las laderas adyacentes.
Es probable que este antiguo estanque haya sido el “estanque de Siloé” que se utilizaba en la época del NT para que se lavaran las personas enfermas y otras. La “torre de Siloé” que cayó y mató a 18 personas, desastre conocido por todos en el tiempo de Jesús, probablemente estaba ubicada en la loma de Ofel arriba del estanque que, según Josefo, estaba cerca de la curva del viejo muro debajo de Oflas.
(Nuevo Diccionario Bíblico, 1º Edición – Ediciones Certeza - pág.1295-1296)

Evangelio

Desde el interior de las Escrituras se oyen latidos de vida, ¿qué significan esos sonidos? Escuchemos atentamente el texto bíblico de hoy:

Lucas 13:1-9

“En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: ‘¿Piensan que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, se los aseguro; y si no se convierten, todos perecerán del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿piensan que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, se los aseguro; y si no se convierten, todos perecerán del mismo modo.’
Les dijo esta parábola: ‘Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?’
Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas’.” Amén.

Los textos bíblicos nos dicen cosas, pero sólo si reflexionamos sobre lo que oímos podremos escuchar los verdaderos latidos de Dios: momento de reflexión:

Hay una teología muy difundida en estos tiempos, la de la “prosperidad” que dice que Dios nos bendice con salud, florecimiento económico, amor, amigos, familia, si le somos fieles, algo así como premio y castigo, incluso si a la persona le va mal en algún aspecto es por su falta de fe. Mirándolo desde otro lado se podría decir que las personas ricas, sanas, que tienen pareja, hijos, es porque son obedientes a Dios, y aquellas personas que están enfermas, pobres, con problemas familiares, solas es porque Dios les ha retirado su bendición. Mi pregunta entonces es ¿para qué vino Jesús al mundo? ¿Por qué nos llama a proteger y cuidar de las personas vulneradas?
Otra pregunta mas ¿Por qué hay personas inmensamente ricas, pero a costas de otras personas, por esclavizarlas, por venta de drogas, armas o personas? ¿Dios las bendice?
¡Claro que no!
Algunas personas dicen que las dificultades son pruebas que Dios nos pone, y que de alguna manera maltrata a los que ama porque sabe que podemos resistir. A mí no me gusta tampoco este concepto porque la fe de la persona, en este caso, se mide por las desgracias por las que tiene que atravesar, a mayores males, mayor fe. Es lo mismo, pero lo contrario de la teología de la prosperidad.
Las personas se enferman, pierden su trabajo, tienen problemas, como parte de esta vida. Dios bendice siempre y nos acompaña, y sobre todo cuando las cosas no están bien. Nos da fuerzas para seguir adelante.
Puede ser que nos sintamos abandonados incluso por Dios, pero es un sentimiento nuestro. Es verdad que nos sentimos bendecidos por Dios cuando todo va bien, pero no para sentirnos mejores sino para estar agradecidos a Dios por ello.
Los judíos agradecen a Dios por lo bueno y lo malo. Lo bueno porque nos da alegría y nos sentimos bendecidos por Dios, y lo malo, porque es ahí en donde aprendemos, nos fortalecemos, sentimos la presencia y el abrazo de Dios.
Creo que tendríamos que aprender a agradecer también por las dificultades, los dolores, las tristezas, porque esos momentos nos permiten tomar conciencia de nuestra fragilidad y nos sirven para ponernos en la piel del otro cuando sufre.
No se puede medir lo “pecadora” o no que es una persona por las cosas que le pasan, no es ese el parámetro para ver que Dios bendice o castiga… de hecho yo no creo que Dios castigue. Lo más importante de la reflexión de hoy es que no nos competen a nosotros las decisiones de Dios sobre las personas que nos rodean, sino ocuparnos de nuestras propias vidas y dejar de juzgar al otro de una vez por todas. Este tiempo es el de la oportunidad, el juicio ya vendrá a su tiempo. Amén.

Querido Jesús, siempre pienso en el trabajo que te damos, somos como un grupo de niños y niñas que buscan ser cada uno el predilecto. Ayudame a no juzgar al otro, a no medirme con el otro, a ser misericordiosa y comprensiva. Te lo pido en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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