viernes, 9 de abril de 2010

11 de Abril

Cada latido de nuestro corazón marca el ritmo de una poesía hecha por Dios, escuchemos con el alma las poesías presentes en las Escrituras:

Salmo 118

“¡Aleluya!¡Den gracias a mi Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!

¡Diga la casa de Israel:
que es eterno su amor!
¡Diga la casa de Aarón:
que es eterno su amor!
¡Digan los que temen a mi Señor:
que es eterno su amor!
En mi angustia hacia mi Señor grité,
él me respondió y me dio respiro;
mi Señor está por mí, no tengo miedo,
¿qué puede hacerme el ser humano?
Mi Señor está por mí, entre los que me ayudan,
y yo desafío a los que me odian.

Mejor es refugiarse en mi Señor
que confiar en ser humano;
mejor es refugiarse en mi Señor
que confiar en magnates.

Me rodeaban todos los gentiles:
en el nombre de mi Señor los desuní;
me rodeaban, me asediaban:
en el nombre de mi Señor los desuní.

Me rodeaban como avispas,
llameaban como fuego de zarzas:
en el nombre de mi Señor los desuní.

Se me empujó, se me empujó para abatirme,
pero mi Señor vino en mi ayuda;
mi fuerza y mi cántico es mi Señor,
él ha sido para mí la salvación.

Clamor de júbilo y salvación,
en las tiendas de los justos:
"¡La diestra de mi Señor hace hazañas,
excelsa la diestra de mi Señor,
la diestra de mi Señor hace hazañas!"

No, no he de morir, que viviré,
y contaré las obras de mi Señor;
me castigó, me castigó mi Señor,
pero a la muerte no me entregó.

¡Ábranme las puertas de justicia,
entraré por ellas, daré gracias a mi Señor!
Aquí está la puerta de mi Señor,
por ella entran los justos.
Gracias te doy, porque me has respondido,
y has sido para mí la salvación.

La piedra que los constructores desecharon
en piedra angular se ha convertido;
esta ha sido la obra de mi Señor,
una maravilla a nuestros ojos.
¡Este es el día que mi Señor ha hecho,
exultemos y gocémonos en él!

¡Ah, mi Señor, da la salvación!
¡Ah, mi Señor, da el éxito!
¡Bendito el que viene en el nombre de mi Señor!
Desde la Casa de mi Señor los bendecimos.
Mi Señor es Dios, él nos ilumina.

¡Cierren la procesión, ramos en mano,
hasta los cuernos del altar!

Tú eres mi Dios, yo te doy gracias,
Dios mío, yo te exalto.
¡Den gracias a mi Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!” Amén.
Curiosidades

¿Qué es la apocalíptica y qué características tiene?

La apocalíptica se designa tanto a un género literario como a las ideas características de la literatura correspondiente. Dentro del canon, la literatura apocalíptica está representada especialmente por los libros de Daniel y Apocalipsis, pero hay muchos otros apocalipsis tanto en la época intertestamentaria como de la cristiana primitiva.
Ya en los libros proféticos del AT se encuentran pasajes que debemos clasificar como apocalípticos en algunos sentidos por lo menos. La escatología apocalíptica puede encontrarse especialmente en Isaías, Joel y Zacarías. En los pasajes de estos libros se prevé el futuro escatológico en función de una intervención divina directa, el juicio universal de las naciones, y una nueva era de salvación, en la que el cosmos será radicalmente transformado. Esta escatología trascendental es el núcleo central de la doctrina apocalíptica. Es probable que la doctrina apocalíptica de la resurrección de los muertos ya se encuentre también en Isaías 26:19, como así también en Deuteronomio 12:2. Las formas literarias del apocalipsis, sin embargo, se anticipan especialmente en las visiones de Ezequiel y de Zacarías 1-6.
El género apocalíptico floreció como literatura diferente de la profética sólo después que cesó la profecía. Su primer gran florecimiento se produjo durante la crisis de la fe judía a mediados del s.II, bajo Antíoco Epífanes, cuando el género apocalíptico fue adoptado como el vehículo literario del movimiento asídico, que preconizaba el arrepentimiento nacional, la oposición irreductible a la helenización, y una fe escatológica en la inminente intervención de Dios en pro de su pueblo. A partir de entonces, lo apocalíptico probablemente caracterizó a diversos grupos dentro del judaísmo, incluyendo los esenios, los fariseos, los zelotes y los cristianos judíos. El género apocalíptico floreció especialmente en épocas de crisis nacional, y los últimos grandes apocalipsis escatológicos judíos provienen del período entre la caída de Jerusalén en el 70 d.C. y el fracaso de la revuelta de Barcoquebá.
Se ha debatido mucho la cuestión de la relación entre la apocalíptica y el NT. Hay pasajes que recuerdan fuertemente los apocalipsis judíos, tanto en forma como en contenido. Pero aún haciendo abstracción de estos pasajes apocalípticos, resulta claro que Jesús y la iglesia primitiva le debían mucho a la escuela apocalíptica, como lo evidencia su uso de conceptos apocalípticos tales como la resurrección, las dos eras, el Hijo del Hombre, el período de tribulación, el reino de Dios.
Por otra parte, la orientación puramente futurista de la literatura apocalíptica judía se modifica en el NT por la convicción de que ya ha comenzado el cumplimiento escatológico en el hecho de Jesucristo. Los cristianos viven el “ya” y el “todavía no”. De esta manera se sustituye la tendencia apocalíptica a valorar negativamente la historia actual por la convicción de que ya está obrando el propósito redentor de Dios dentro de la historia de la era presente.
Más aun la apocalíptica neotestamentaria es cristocéntrica. Ya se ha producido el acto decisivo de salvación escatológica divina en la historia de Jesús quien, por lo tanto, constituye también el centro de la esperanza futura de los cristianos. Para los escritores del NT, la apocalíptica se convierte en el medio para declarar la significación de Jesucristo para el destino del mundo.

Evangelio

Desde el interior de las Escrituras se oyen latidos de vida, ¿qué significan esos sonidos? Escuchemos atentamente el texto bíblico de hoy:

Apocalipsis 1:9-20

“Yo, Juan, hermano de ustedes y compañero de la tribulación, del reino y de la paciencia, en Jesús. Yo me encontraba en la isla llamada Patmos, por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús. Caí en éxtasis el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz, como de trompeta, que decía: "Lo que veas escríbelo en un libro y envíalo a las siete Iglesias: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea". Me volví a ver qué voz era la que me hablaba y al volverme, vi siete candeleros de oro, y en medio de los candeleros como a un Hijo de hombre, vestido de una túnica talar, ceñido al talle con un ceñidor de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos, como la lana blanca, como la nieve; sus ojos como llama de fuego; sus pies parecían de metal precioso acrisolado en el horno; su voz como voz de grandes aguas. Tenía en su mano derecha siete estrellas, y de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro, como el sol cuando brilla con toda su fuerza.
Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto. Él puso su mano derecha sobre mí diciendo: "No temas, soy yo, el Primero y el Ultimo, el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la Muerte y del Hades. Escribe, pues, lo que has visto: lo que ya es y lo que va a suceder más tarde. La explicación del misterio de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha y de los siete candeleros de oro es ésta: las siete estrellas son los Ángeles de las siete Iglesias, y los siete candeleros son las siete Iglesias.” Amén.

Los textos bíblicos nos dicen cosas, pero sólo si reflexionamos sobre lo que oímos podremos escuchar los verdaderos latidos de Dios: momento de reflexión:

Ser hermanos y compañeros de la tribulación, esto es aflicción, del reino y de la paciencia. ¿Qué pensás de esto?
Tal vez puedas entender cuando se habla de compañeros o hermanos en la aflicción, y tal vez tengas algunos compañeros con quienes compartir tus dolores, desazones y fracasos.
Tal vez, el ser compañeros o hermanos del reino, pensando en esto de ser cristianos y cristianas, formamos parte del Reino de Dios, aunque tal vez no lleguemos a comprender la dimensión de este hecho.
Pero cuando hablamos de paciencia… seguramente coincidís conmigo que no vivimos en un mundo en donde abunde la paciencia, todos andamos demasiado nerviosos y exaltados. Pero ¿sabías que vivimos en el tiempo de la paciencia de Dios? ¿en el tiempo de la oportunidad?
Este libro que acabás de escuchar, el Apocalipsis, en donde, como habrás percibido, aparecen imágenes muy raras, que en realidad son simbólicas, nos habla justamente del hecho de que vivimos un tiempo en donde tenemos la oportunidad de dar testimonio de Cristo en medio del caos y la oscuridad, vivimos en un tiempo propicio para, a través de nuestra forma de actuar, dar a conocer a Jesucristo, el tiempo es ahora, porque después, cuando vuelva en toda su gloria, también llegará el juicio.
Pero no debemos vivir mirando el juicio, sino más bien aprovechando a dar testimonio de Jesús. Vivimos el tiempo de la paciencia de Dios, ese tiempo en donde todavía podemos equivocarnos y arrepentirnos y volver al camino de Jesús. Vivimos un tiempo de oportunidad, un tiempo en donde Dios nos ama y nos acepta tal cual somos, con todas nuestras limitaciones, en donde espera que con eso, con lo que somos, busquemos aferrarnos a Jesús.
¿No te parece hermoso? ¡Qué lindo que es que alguien te tenga paciencia y espere tus tiempos y tus ritmos!
De esa misma manera Dios espera también que nos tratemos entre nosotros: con paciencia, amor, comprensión, aceptación, como compañeros y hermanos que formamos parte de la gran familia de Dios que ha formado a partir de la muerte y resurrección de Jesús.
El acompañamiento mutuo, el estar en el mismo bando en el mismo reino, el soportarnos en el amor, en la paciencia, imitando a Dios, es lo que Él espera de nosotros, y lo que a nosotros, a vos y a mí, nos hace bien y nos permite cambiar el mundo, este mundo en donde el acompañarse y tenerse paciencia no es la moneda más corriente. Amén.

Querido Dios, ayudame a mejorarme, ayudame a tener paciencia con mis hermanas y hermanos, pero también con los acontecimientos, con la vida, con mi vida. A veces vivo apurada, queriendo vivir el mañana hoy, ¿por qué soy tan ansiosa? ¿por qué no le doy a cada persona, a cada momento, a cada proceso, a mí misma el tiempo que necesitan? Ayudame, querido Señor, hacé de mí una persona más parecida a vos. Te lo pido en tu nombre y en el de tu amado hijo Jesús y en el del Espíritu Santo. Amén.

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